Candragar: “Trilogía del Cronos – Libro I – Capítulo I”

Prólogo

Lo que la Historia deja atrás y lo que la memoria olvida, es aquello que cumple con un ciclo natural de reiteración, del que siempre tenemos que estar atentos. Son aquellos ecos perdidos en el Tiempo, de esos que materializan realidades infinitas, los que serán recolectados a lo largo de esta Trilogía del Cronos.

Muchos andares se han transitado desde que se publicó esta hermosa novela, trece años atrás. La historia que leerás a continuación se origina aún muchísimo antes.

Hace diecisiete años comencé a soñar despierta con este mundo mágico que necesitaba plasmar a través de aquello que considero lo más sustancial de la existencia: las palabras.

Hoy, entiendo mejor aquello que se entretejió al interior de mis sueños. La Historia guarda realidades a las que sólo se accede con la voluntad de perseguir creatividad, bondad y belleza. Ese poder reside en nuestro cerebro, y ahora logro ver con nitidez, este mundo que jamás creí real, hasta que hube de volver a escribirlo.

Esta reedición nace con el inicio de la segunda parte de esta trilogía del Tiempo, donde seguiremos las huellas de Camille y sus amigos, quienes descubrirán mucho más sobre la manipulación histórica, los misterios de la Cuarta Dimensión y el verdadero alcance de Candragar. 

Espero que disfrutes el viaje y te atrevas a soñar con un mundo en el que la magia y la memoria se entrelazan para forjar nuestro destino.

I

“Y tú, ¿qué harías?”

– ¡Camille!

camille outside school watching the horizon

– Lo siento. Me tengo que ir, mañana acordaremos qué hacer con el trabajo de historia. –dice la niña de tez blanca a medida que emprende el camino hacia el auto en que la esperan desde hace ya un buen rato. Su madre, le hace señas desde detrás del manubrio, con leve molestia. Una vez que ingresa a éste, le reprochan:

– ¿Cuántas veces tengo que llamarte para que me hagas caso, hija? 

 –Perdón mamá, no te vi. –responde ella, sinceramente.

Camille Delaunoy vive en Francia, en una ciudad pequeña y alejada de todo, llamada Nantiat. Tiene ojos almendrados de color pardo, labios que llaman la atención por ser gruesos, de un color rojo inusual y posee una familia bastante fuera de lo común: Su padre, Phillipe Delaunoy, es un empresario que a diferencia de muchos otros, se preocupa más por pasar tiempo con su familia, que otorgarle lujos materiales intrascendentes. Su madre, Catherine Delaunoy es una mujer hecha de paciencia, cariño y correctos modales que no deja de exigir día a día y a toda hora. Su hermano mayor, Olivier; Sophie, una bella niña de trece años y por último, pero no menos importante, la pequeña y graciosa Paulette. 

Para Camille su familia es su núcleo, la que ha estado allí por ella siempre. Es por esto que sabe que sin importar los acontecimientos o factores externos, siempre tendrá un lugar al que volver. 

Hoy desde que se levantó, ha tenido una extraña sensación. Esas que suelen presentarse cuando algo se encuentra fuera de lo normal. Esto le preocupa, pues ya ha transcurrido la mayor parte del día y todavía siente que algo no anda bien. 

Sentada en el auto, comienza a inquietarse, ya que sin motivo alguno le duele el estómago y mientras más pasa el tiempo, más lejanas le suenan las voces de sus hermanos, quienes hablan entre sí, respecto a lo acontecido en la jornada escolar.

Finalmente llegan a casa. Ella como todos los días, sube al segundo piso en dirección a su habitación y coloca su mochila sobre la cama. Se sienta, respira hondo y espera que la molestia se disipe, mas no parece conseguirlo. Ante esto se pone de pie, camina de lado a lado sin dejar de respirar profundo y vuelve a sentarse. En ese momento, un leve crujido de madera se escucha tras ella, desde el guardarropa. Su expresión de alerta, se torna temerosa y mientras un escalofrío recorre su menudo cuerpo de pies a cabeza, ríe, queriendo ignorar el sonido injustificado y acabar con el sofocante silencio que en la escena se impregna. 

Con la piel erizada, comienza a notar que la sensación inicial ha desaparecido de golpe y que aparenta no regresar. Sin embargo, justo cuando creía que el día volvería a ser como cualquier otro, un segundo crujido se escucha más fuerte que el anterior, resultándole imposible no mirar hacia atrás.  

La chica se para instantáneamente e intenta gritar lo más fuerte que puede, mas la rubia y delgada mujer, situada frente a ella, se lo impide. Espantada, trata de salir corriendo de allí y al igual que con el grito, esta persona que luce de treinta años, frustra ése y todos los intentos de escape que pasan por su cabeza. De manera suave levanta las manos en señal de calma y, apenas, la joven cambia de actitud a una en la que parece más calmada, sin la necesidad de arrancar espeluznada, la mujer prosigue a susurrar lo suficientemente alto para ser oída.

– Camille. No te asustes, mi nombre es Michelle y necesito que me acompañes. –termina la dama de traje elegante color beige, como si sus palabras fuesen tranquilizantes. 

La joven, con un rostro incrédulo y angustiado, pregunta:

– ¿Es esta una especie de broma?

– ¿Qué te hace pensar que bromeo? –replica Michelle tiernamente, simulando empatía y un leve tono irónico. Se detiene un instante y agrega con tono convincente: – La verdad es que no tenemos mucho tiempo, por lo que te recomiendo que tomes la decisión de seguirme, de inmediato. 

– ¿Seguirle a dónde?

La mujer sonríe y se mantiene callada durante el par de segundos que le toma a Camille, darse cuenta de que aquel rostro, a pesar de no haberlo visto antes, le parece familiar y que de alguna forma, es capaz de cesar todo el miedo infundido con una simple sonrisa. La persona que irrumpe en su habitación, está al tanto de su nombre y quiere llevársela; de un segundo a otro y sin justificación, parece haberle quitado el malestar que tenía y el terror que le infundía.

– Tienes que entender que no puedo decirte, son las órdenes que he recibido. Sé que es muy difícil, pero debes confiar en mí y debes hacerlo ya. No será por mucho tiempo.

– Lo siento, no puedo hacer lo que me pides; es más, creo que nadie lo haría.

– Eres lista, siempre lo has sido. Sin embargo no tengo tiempo para explicarte los motivos por los que me encuentro aquí ahora y eso es algo que tendrás que aceptar tarde o temprano. –sentencia, mientras empieza a inquietarse notoriamente. Al parecer, algo o alguien, la pone nerviosa. Camille, se percata de ello y comprende la presencia de alguna forma de peligro que no puede describir, ni comprender, agregando:

– No sé de qué estás hablando, pero te creo. Tan solo permíteme despedirme de mi familia. Si dices que será por un tiempo, deben saber que estaré bien. Pueden creer que he muerto si transcurre más de lo esperado. ¿Tú hablas de una hora, no es así? –cuestiona al darse cuenta del problema en el que se vería implicada.

– Después comprenderás Camille, debemos irnos, no podemos demorarnos más… –la mujer mira, a través de la ventana de la habitación de la chica y ve algo que la obliga a tomarla del brazo lo más rápido posible. Avanzan hasta enfrentar una muralla y sobre ésta, Michelle con su mano derecha, abre una especie de círculo luminoso que cruzan, desapareciendo. 

La joven cierra los ojos y una serie de sensaciones desagradables, se suscitan sin poder evitarlas: vértigo, debido a la caída que parece experimentar; mareo, dado los bruscos movimientos que la trayectoria va tomando; dolor de cabeza, gracias a los cambios de presión y finalmente, el shock, producto de lo anterior sumado a la carga emocional que trae el no tener idea de lo que sucede, el haber abandonado su casa con una completa extraña y la certeza de estar próxima a la muerte.  

El viaje de solo un segundo con veinte centésimas, se torna eterno. Cree que es el fin, cree que después de esto se encontraría en un lugar paradisíaco que le daría a entender que no regresará con su familia, no obstante, sus pies impactan con el suelo nuevamente y toda esa luz que antes la cegaba, ahora le pide a gritos que abra los ojos. 

Sabe que de todos los posibles escenarios en los que se imaginó aparecería, éste luce increíble, tanto que le gusta, pues es bastante normal. Un recinto muy similar al campus de la universidad a la que su hermano sueña con asistir, se abre de par en par frente a ellas con cientos y cientos de jóvenes de su edad, algunos más grandes, otros más pequeños,  pero al fin y al cabo: seres humanos en la Tierra.

Arboledas hermosas, jardines que bordean los edificios que se extienden por los costados, quedando al centro un Edificio principal con una magnificencia imponente, tanto de tamaño como de belleza. Verdes campos por doquier, aves que ella jamás había visto, flores de colores únicamente posibles en sus sueños y un cielo que no recordaba haber visto tan intensamente.

camille arriving to trilaqua

Con el estómago revuelto a más no poder y la cabeza a punto de reventársele,  apura su caminar, con el objetivo de detener el desesperante tironeo que Michelle debe darle para mantenerla de pie y despierta. 

Al parecer se dirigen a la entrada de la construcción frontal, la cual posee un par de inmensas puertas de cristal que al igual que el resto de los aparatos que pueden apreciarse desde lejos, son de una tecnología tal, que en este caso, reconoce las huellas digitales de quienes tienen acceso al recinto. Michelle posa su mano en la superficie helada de los mencionados ejemplares y de inmediato, un tenue haz de luz los recorre desde el centro hacia la periferia. Acto seguido, las puertas se abren y ellas ingresan a los amplios y extensos pasillos de mármol que son transitados por quienes observan a la joven, pálida y extraña, que camina desconcertada junto a la conocida mujer, en dirección a la oficina de la Directora. 

Después de una serie de bifurcaciones que enfrentan, siempre tomando la derecha, se topan con un par de puertas similares a las anteriores, que difieren únicamente en el tamaño. Una vez que éstas se abren, entran a la llamada “recepción”, que antecede su destino. 

La joven secretaria que allí trabaja, se pone de pie, saluda a Michelle y sin preguntar, entrega la tarjeta transparente que guarda el código de acceso a la oficina de la Directora. La mujer acerca el objeto hacia el lector, situado en el costado izquierdo superior de la entrada y sin soltar a la chica, que apenas continúa consciente, avanza al interior cuando el aparato se lo permite. 

Allí se encuentra una señora, sentada frente a un angosto, pero extenso escritorio de Cuarzo Rosa tallado, sobre el que rápidamente deposita una taza de té para ofrecérsela a la chica e invitarla junto a Michelle, a que tomen asiento frente a ella. 

Camille, muy mareada, arrastra su mano y agarra la oreja de la taza, con el propósito de llevársela a la boca y beber un sorbo del reconfortante líquido, casi de forma instintiva. Éste, sin motivo alguno, tal como el resto de las cosas que le han sucedido hasta el momento, remueve poco a poco cada gota de malestar que el viaje le provocó y es capaz de devolverle el color a su rostro y un poco de calor a sus manos y pies. 

La mujer, alta y delgada, vestida con un traje elegante color rojo rubí, remueve de uno de los cajones del lado derecho, una carpeta amarilla que prosigue a leer:

– Camille Delaunoy… –pronuncia sin dificultad, deteniéndose luego a mirar a la chica, esperando su aprobación para continuar: – Edad: dieciséis años. 

– Sí, señora. –afirma perpleja. 

– País natal: Francia. Ciudad en la que resides: Nantiat. Dimensión en la que has residido: Cuarta… –la Directora, de cabello rubio, corto y ondulado antes de cerrar la carpeta parece leer algo que llama su atención, pero que se abstiene de mencionar. Se saca los lentes de lectura, después de devolver el documento al cajón del que lo extrajo y se dirige nuevamente a la joven: –Bueno, Camille. Imagino cómo debes sentirte: primer viaje, ignorancia total, gente a la que no estás acostumbrada y mucho más por descubrir. Sé que no es fácil lo que tenemos que decirte, pero el problema es que ya no podemos seguir ocultándotelo. ¿Hizo efecto el té? ¿Cómo te sientes?

– Mejor, gracias. Más confundida que antes, pero ya no me siento mareada.

– Que bien… –sentencia animada y prosigue con tono dudoso y vacilante: –…Lo cierto es que jamás me había tocado decirle esto a un estudiante, ya que la mayoría de los que asisten a este colegio, nacieron en un entorno que posee las mismas leyes que aquí poseemos y como habrás podido notar durante el trayecto hasta acá, estas leyes no son las mismas que conoces. ¿No es así? 

– Es así, señora. Nada aquí parece tener sentido y por lo mismo, no entiendo qué sucede. 

– Sí. Creo poder ponerme en tu lugar, mas dudo que pueda acercarme a lo que realmente experimentas y por ello me disculpo, ya que en gran parte, nosotros somos los culpables de tu ignorancia en cuanto a la magia respecta. –declara la mujer de aproximadamente cincuenta años, de tal forma, que aquello que dice no suena tan descabellado para la joven. 

Camille, repasando la oración, comprende que lo único capaz de explicar y darle una pizca de lógica a lo que ha pasado, es la magia. Su rostro, un poco más convencido, dan a la Directora, la entrada que necesitaba. 

– Pequeña, has arribado al Colegio Trilaqua y aquí conseguirás desarrollar las habilidades mágicas que sabemos, posees.

 – Perdón. Aquí hacen clases de magia…–un sutil tono irónico es detectado por Michelle y molesta interrumpe a la joven.

 – No sacamos nada con intentar explicarte aquello con lo que nunca has tenido la oportunidad de vincularte, pero que al mismo tiempo, siempre lo has hecho. Debes vivirlo …–apoya su mano sobre el hombro de ella y agrega: –…en tu casa, en la cuarta dimensión, no podías quedarte, pues hay quienes se dieron cuenta de que te ocultábamos allí y nos es más difícil protegerte allá que acá. Termina mientras la desconcertada protagonista frunce el ceño incrédula.

– Claro, Camille. Además, acá aprenderás los conocimientos que requiere todo mago para poder defenderse de quienes pertenecen a nuestra Liga enemiga… – agrega Michelle, cuando es interrumpida: – …pero bueno. Mucho hablar y poco hacer. No te darás cuenta cuando todas las respuestas a las dudas que emergen en ti en este momento, se disipen como si nunca hubiesen existido… – hace una pausa para continuar: —… la magia existe y tú eres un factor muy importante dentro de este mundo. Sé que suena inusual, sin embargo, poco a poco te irás dando cuenta que nuestras palabras no son inciertas. –termina apurada, al tiempo que se pone de pie, con el objetivo de finalizar la pequeña reunión que tomó un espacio no disponible en su agenda. 

Las dos imitan la acción de la señora y con un gentil apretón de mano, se despiden y prosiguen a abandonar la enorme e iluminada habitación. Michelle se dirige a la secretaria:

– Ana, por favor. Dile a Mallorie que necesito hablar con ella. Estaré en mi oficina, que me llame. Es de carácter urgente. –sin esperar más respuesta que una afirmación de cabeza, se retira junto a la anonadada chica.

Salen de la sala y enfrentan una bifurcación, doblan a mano derecha y se encuentran con un pasillo más ancho que el anterior. A través de éste, se puede apreciar una gran cantidad de puertas. Éstas van siendo señaladas por la guía.

– Esta sala de aquí es la de Control, la del frente es la de Relajación, las que siguen son oficinas de la Administración y cómo ves…–dice, apuntando una placa de cristal con su nombre, grabado. –…esta oficina es la mía. Aquí me vas a encontrar siempre que me necesites.

– Gracias, Michelle. —termina, leyendo la inscripción.  

– Ahora te recomiendo que salgas un rato, te despejes, respires un poco de aire fresco y comiences cuanto antes la jornada de clases. Tus libros están situados al interior de tu casillero, el cual se abre, exclusivamente con tu huella digital. Si doblamos por acá… –describe, a medida que avanza: –…nos encontramos con el pasillo principal del Trilaqua, en el que, por medio de estas plataformas cristalinas, obtienes el acceso a tu material de estudio. Coloca tu dedo índice aquí…–ordena, indicando con su mano el sector superior izquierdo de la plataforma, en el que se sitúa un óvalo que calza perfecto con el tamaño del dedo requerido. La joven obedece y de inmediato su nombre aparece en la placa. Luego y de manera sorpresiva, emerge de la pared un casillero metálico; y debido a que transcurren más de tres segundos, sin ser tocada la superficie del objeto, éste se esconde nuevamente. 

locker being presented to camille in a beautiful marmol building

– Vaya… –anuncia, susurrando y con el ceño aún más fruncido. –…no me esperaba eso. –Michelle sonríe y continúa junto a ella hacia el final del camino. 

– Y este, es sólo el comienzo Camille.

camille impressed over magical world

4 comentarios

  1. No puedo esperar a los próximos capítulos! Muchas gracias por compartir esta aventura, se que han sido muchísimos años de trabajo 🖤

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